ALBORAYA
Alboraya (cooficialmente en valenciano: Alboraia) es un municipio de España en la Comunidad Valenciana. Situado en la comarca de la Huerta Norte, en la provincia de Valencia.
Las tierras sobre las que se asienta Alboraya se crearon durante el cuaternario, debido a los materiales arrastrados por el río Turia y los barrancos de Torrente y el Carraixet. En su término se han encontrado restos de villas romanas de época imperial, así como un busto de época adriana que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional. Las prospecciones subacuáticas han proporcionado hallazgos tanto romanos como medievales, posiblemente al existir una zona de anclaje.
El núcleo urbano tiene su origen en una alquería andalusí que el rey Jaime I de Aragón otorgó al obispo de Huesca, Vidal de Canyelles, el 17 de octubre de 1238, tras la conquista de la ciudad de Valencia, junto con Almácera y otras posesiones. Cuando murió el obispo, la propiedad de Alboraya pasó a manos de Teresa Gil de Vidaura, tercera mujer de Jaime I, posteriormente pasó a sus hijos y a la familia italiana Della Volta. En 1331, Alboraya pasó a pertenecer a Gilabert de Noguera o Sanoguera (en castellano Gilberto de Zanoguera) quien fundó el señorío de Alboraya. En el siglo XV retornó a la jurisdicción real.
El 28 de junio de 1240, al poco tiempo de otorgar la propiedad de la alquería de Alboraya al obispo de Huesca, se fundó la parroquia de Alboraya, que se consagró a la Asunción. La fundación de la parroquia queda documentada en el primer Quinqui Libri (Libro de sacramentos) que se encuentra en el archivo parroquial de Alboraya.
El acontecimiento más importante de la época medieval en Alboraya fue el conocido como Milagro de los Peces (Miracle dels Peixets). Cuenta la tradición que el párroco de Alboraya se le cayeron unas formas consagradas al agua del barranco del Carraixet cuando iba camino de Almácera, donde iba a llevar la Comunión a un musulmán converso. En la desembocadura del barranco aparecieron tres peces con las formas en la boca gracias a los cuales el párroco pudo recuperarlas. Este milagro marcó la identidad de Alboraya hasta nuestros días, hecho que se manifiesta en la presencia de tres peces en el escudo de la localidad y la construcción en 1907 de una ermita en la desembocadura del Barranco del Carraixet, donde se celebra la fiesta del Milagro de los Peces cada año.
A partir de este hecho, Almácera pidió autonomía eclesiástica respecto de Alboraya, constituyéndose como una vicaría perpetua a partir de 1376 gracias al obispo Hug de Fenollet. Este hecho puede considerarse como el principio de la historia de Almácera como municipio.
El Consejo General de Valencia mandó en 1414 construir una ermita a la Virgen de los Desamparados junto al barranco de Carraixet, con tal de consagrar los cementerios donde eran sepultos los ajusticiados y los desamparados. En la actualidad el edificio está en el término de Tabernes Blanques, ya que en 1902 unas 150 fanegadas de huerta de la partida Desemparats situadas entre Tabernes Blanques y el Barranco del Carraixet fueron segregadas a la parroquia de Tabernes Blanques, segregándose finalmente en favor del Ayuntamiento de Tabernes Blanques en 1925.
El recuento poblacional del año 1646 ofrece un cómputo de 88 casas; Cavanilles cifra la población, el año 1794, en 560 vecinos; a mediados de siglo XIX Madoz apunta la cantidad de 3301 habitantes; Sanchís Sivera, el año 1922, da noticia de 4265.
En el siglo XIX se comenzaron a construir las grandes infraestructuras metropolitanas de Valencia, entre las que destaca el ferrocarril. Por el término de Alboraya pasaba la línea Valencia-Tarragona (que posteriormente acabaría siendo la vía actual de Renfe), cuyo tramo entre Valencia y Sagunto se inauguró en 1862; la línea Valencia-Zaragoza, conocida como vía churra, que fue inaugurada en 1888, discurría por el actual paseo de Aragón y paraba en la antigua Estación de Aragón de Alboraya; y la línea del trenet Valencia-Rafelbuñol (posteriormente la vía del metro), cuyo tramo Valencia-Alboraya se inauguró el 17 de marzo de 1893, y ese mismo año llegó finalmente hasta Rafelbuñol.
Estas infraestructuras ferroviarias marcaron el límite del crecimiento urbano de Alboraya durante los siglos XIX y principios del XX, ya que el casco antiguo no sobrepasa ninguna de las antiguas vías de tren. Hacia el año 1800, el límite del núcleo de Alboraya lo conformaban las actuales calles Molí, Cabañal, Nou y parte de Milagrosa, existiendo solamente la zona del centro histórico al norte y nordeste de la iglesia. A lo largo del siglo XIX, el pueblo se expande hacia el sur, norte, este, oeste y nordeste (actuales calles Cervantes, Miracle, San Pancracio, Tavernes Blanques). En el primer tercio del siglo XX se urbanizan las actuales calles Almàssera, Degà Sanfeliu, Nou d’Octubre, Hermanos Benlliure o Salvador Giner. Las calles Sant Cristòfol y Colón conformaron el límite urbano por el norte y el este hasta los años 50.
A partir de los años 50 y sobre todo los 60, Alboraya experimentó un gran desarrollo urbanístico, con la construcción de grupos de viviendas como los de la calle Nou d’Octubre, el barrio Rei en Jaume o San José Obrero. En los años 70 se comenzaron a urbanizar los barrios de El Palmaret y Port Saplaya. Ya en los años 90 se urbanizó Campo de Mayo, se terminó de construir el grupo Pintor Sorolla y se comenzaron a sustituir los usos industriales de los polígonos de Palmaret y Vera por residenciales, naciendo así el complejo residencial de Vera o Patacona.
En 2006 comenzaron las obras de uno de los proyectos más ambiciosos realizados en Alboraya en las últimas décadas, el soterramiento de las vías del metro a su paso por la localidad. Este proyecto supuso una inversión de más de 70 millones de euros. Se construyeron dos nuevas estaciones subterráneas: Alboraya-Peris Aragó y Alboraya-Palmaret, que sustituyeron a las antiguas estaciones en superficie, llamadas Alboraya y Palmaret, respectivamente. Además, se construyó un parque en los alrededores de la estación de Alboraya-Palmaret y un gran bulevar recorriendo todo el antiguo trazado de las vías, con jardín, zonas de juego y paseo peatonal. Las obras duraron cuatro años, finalizándose en 2010. A la inauguración acudieron el presidente de la Generalitat Francisco Camps, el alcalde de Alboraya Manuel Álvaro, la alcaldesa de Valencia Rita Barberá y el conseller de Infraestructuras Mario Flores
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