LANGA DE DUERO
CAMINO DEL CID. LANGA DE DUERO. cerca de casa y sin embargo pocas veces hemos parado. Hoy tocaba. Paseo por el casco histórico y queda pendiente la subida al castillo.
Langa de Duero, la antigua Segontia Lanka, ha sido celtibérica, arévaca, romana, musulmana y cristiana sucesivamente. De su importancia en la antigüedad quedan las citas de autores como Estrabón, Apiano, Plinio y Diodoro Sículo. En la sala de Protohistoria del Museo Arqueológico Nacional se encuentran expuestas diferentes piezas de hierro y cerámica de los siglos II-I a. C. halladas en esta localidad.
Por su tierra discurre abundante agua para cultivos que nada tienen que ver con el cereal de secano (aunque también hay de él), abundan las viñas y por consiguiente el vino, bien guardado en el fondo de las bodegas familiares, lugar de reunión (tanto dentro como alrededor de ellas) de familia y amigos que riegan los productos de la olla con ese vinillo de Langa que, como diría Juan Antonio Gaya Nuño es “flojito, espumoso, acidillo y permite ingerir considerables cantidades sin que se trastorne la crítica de la razón pura”. Hablamos de Langa de Duero, donde viven alrededor de seiscientos langueños.
Los clásicos han escrito de este lugar y se han hallado restos que algunos atribuyen a la población celtíbera de Segontia Lanka, citada por Estrabón, y cuya teoría estaría avalada, además de por los clásicos, en una moneda encontrada con esta inscripción. También han aparecido restos visigóticos. Las fuentes escritas y conservadas son posteriores; la primera de ellas hace mención a la donación de la villa a Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, alrededor de las fechas en que se otorgó, en señorío, la de Berlanga de Duero. En el otero más alto, la torre de Langa da la bienvenida al visitante; su función, defensiva, fue muy importante en las luchas entre musulmanes y cristianos, en la misma orilla del río Duero. Los orígenes de la villa de Langa deben situarse al fines del siglo XI o comienzos del siguiente, siendo en sus primeros tiempos una aldea perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de San Esteban de Gormaz. Ya a fines del XIV pasó a integrase en los dominios de la Casa señorial de Avellaneda. Se debe a Ruy González de Avellaneda, señor de Langa entre 1410 y 1436, la construcción de la torre fortificada que domina la villa. En esta torre estuvo preso entre 1448 y 1451 Enrique Enríquez, hermano del Almirante de Castilla Fadrique Enríquez. Enrique logró escapar de la torre mediante una hábil estratagema, descolgándose por su exterior con una soga, según narra entre otros el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo. Hay que señalar que no se debe confundir a este personaje, como ha venido ocurriendo repetidamente, con el de idéntico nombre, hijo ilegítimo del rey Enrique II de Castilla, que fue duque de Cabra y Medina Sidonia, y falleció en 1404.
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